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Jorge Palom

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NERUDA: Escucha este poema: "Aquí, en la isla, el mar, ¡y cuánto mar! Se sale de sí mismo a cada rato. Dice que sí, que no. Que no. Dice que sí en azul, en espuma, en galope. Dice que no, que no. No puede estarse quieto. Me llamo mar, repite pegando en una piedra sin lograr convencerla. Entonces, con siete lenguas verdes de siete tigres verdes, de siete perros verdes, de siete mares verdes, la recorre, la besa, la humedece, y se golpea el pecho repitiendo su nombre". ¿Qué te parece?

MARIO: Es extraño...

NERUDA: ¿Cómo extraño? ¿Qué significa extraño? Tú eres un crítico muy severo...

MARIO: No, la poesía no. Es extraño... extraño cómo me sentí cuando la decía.

NERUDA: ¿Y cómo te sentiste?

MARIO: No sé. Las palabras iban y venían.

NERUDA: Como el mar, entonces.

MARIO: ¡Exactamente! Como el mar.

NERUDA: Ese es un buen ejemplo.

MARIO: Me sentí mareado en realidad. Me sentí... me sentí como en un bote que se mecía en el vaivén de las palabras.

NERUDA: ¡Como en un bote que se mecía en mis palabras! Vaya. ¿Sabes qué has hecho, Mario? Una metáfora. ¡Una metáfora! ¿Entiendes?

MARIO: ¡Noooo! ¿De veras?

NERUDA: Ahá...

MARIO: ... Pero no vale, porque no tuve la intención.

NERUDA: Eso no tiene importancia. Las imágenes surgen espontáneamente.

MARIO: Y, por ejemplo, Don Pablo,... el mundo entero... como el mar... el cielo... las lluvias... las nubes...

NERUDA: ... ahora ya puedes decir etcétera, etcétera.

MARIO: Etcétera, etcétera. El mundo entero.... ¿es una metáfora para otra cosa?

NERUDA: ...

MARIO: ¿Estoy diciendo tonterías, no?

NERUDA: No, no. De ningún modo.

MARIO: Es que puso una cara tan rara.

NERUDA: Mario, hagamos un trato. Yo me voy a nadar un rato y consideraré tu pregunta. Mañana te daré una respuesta.

MARIO: ¡Estoy enamorado, Don Pablo!

NERUDA: Tiene remedio, no te preocupes. Pero, ¿de quién estás enamorado?

MARIO: Se llama Beatriz.

NERUDA: ¡Ah! Dante.

MARIO: ¿Don Pablo?

NERUDA: Dante. Dante Alighieri. Se enamoró de una Beatriz. Las Beatrices han inspirado amor infinito. Pero, ¿qué haces?

MARIO: Anoto el nombre: Dan... te. Dante sé, pero Alighieri. ¿Tiene una hache?

NERUDA: Ven aquí que te lo escribo.

MARIO: A... li... ghie... ti. ¡Estoy locamente enamorado, Don Pablo!

NERUDA: Eso ya lo dijiste. ¿Y yo que puedo hacer?

MARIO: No sé, tiene que ayudarme.

NERUDA: Pero, Mario... yo soy un hombre viejo.

MARIO: Tiene que ayudarme. No sé qué decirle. la veo delante de mí y es como si estuviera mudo. No me sale ni una palabra.

NERUDA: ¡Cómo! ¿No has hablado con ella?

MARIO: Casi nada. Ayer estuve paseando por la playa como usted me dijo. Miré el mar mucho rato y no se me ocurrió ninguna metáfora. Entonces entré en la hostería y me compré una botella de vino. Bueno, fue ella la que me vendió la botella.

NERUDA: Beatriz.

MARIO: Beatriz. La miré y me enamoré de ella.

NERUDA: ¿Tan rápido?

MARIO: No, tan rápido no. La estuve mirando como diez minutos.

NERUDA: ¿Y ella?

MARIO: Ella me dijo: "¿Qué mirás, nunca viste una mujer?”

NERUDA: ¿Y tú?

MARIO: A mí no se me ocurrió nada.

NERUDA: ¿Nada de nada? ¿No le dijiste ni una palabra?

MARIO: Tanto como nada no. Le dije cinco palabras.

NERUDA: ¿Cuáles?

MARIO: Le dije: "¿Cómo te llamás?”.

NERUDA: ¿Y ella?

MARIO: Ella me dijo "Beatriz Russo".

NERUDA: Le preguntaste "Cómo te llamás". Bueno, eso hace tres palabras.

¿Cuáles fueron las otras dos?

MARIO: "Beatriz Russo".

NERUDA: Beatriz Russo.

MARIO: Sí. Ella me dijo "Beatriz Russo" y entonces yo repetí "Beatriz Russo".

NERUDA: ...

MARIO: No quiero molestarlo. Don Pablo, pero ¿me puede escribir un poema para Beatriz?

NERUDA: Mario, ni siquiera la conozco. Un poeta necesita conocer el objeto de la inspiración. No puedo inventar algo de la nada.

MARIO: Mire, tengo esta pelotita de metegol que Beatriz se puso en la boca. Ella la tocó.

NERUDA: ¿Y con eso qué?

MARIO: Que tal vez lo ayude.

NERUDA: (Evidentemente ofuscado) ¡Por favor, Mario! Te pido que me pellizques para despertarme de esta pesadilla.

MARIO: Mire, poeta, si hace tantos problemas por un simple poema, jamás ganará el Premio Nobel.

Jorge Palom
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